Cuando hablamos de yoga lo primero que nos viene a la mente son todas esas posturas difíciles que vemos a diario en las redes sociales. Con el auge de esta disciplina milenaria aquí en occidente, cada vez hay más gente que lo practica y además gusta de subir fotos artísticas a internet.

Si bien el yoga es una práctica física en cuanto nos referimos a las asanas (“postura del yoga”) que realizamos, es mucho más amplio y comprende varias prácticas que quizás no son tan conocidas por el gran público.

El origen de las asanas

Cuando hablamos de ese yoga físico que conocemos (las asanas), debemos de tener en cuenta que éste no fue creado hace miles de años con un fin atlético, sino todo lo contrario, con un fin espiritual. Los antiguos yoguis y ascetas de la india lo que realmente buscaban era volver a esa fuente divina de la que todos venidos, conocida como Ser, proceso que en yoga se denomina alcanzar el samadhi. Para alcanzar dicho estado de dicha y fusión con el universo debían de seguir unos pasos importantes a diario, entre ellos la meditación, una alimentación pura que no intoxicara el cuerpo, una higiene corporal, unas rutinas diarias y además el yoga.

¿Para qué realizaban dichas asanas?

Con el fin de purificar el cuerpo, que contiene el alma que debe volver a su hogar, el Ser, y que debe permanecer muchas horas en una postura cómoda, pero firme a la misma vez, durante la meditación para alcanzar el tan ansiado samadhi.

¿Cómo poder dejar esa “mente en blanco” durante la meditación con las fluctuaciones que tiene la mente y si tienes un cuerpo rígido y poco estable?

No se puede. Para meditar como hacían los antiguos yoguis y aguantar tantas horas sentados en esa postura de meditación con las piernas flexionadas y espalda completamente recta (la postura del loto), primero practicaban una serie de asanas que, con ayuda de la respiración, iba calmando cuerpo y mente, fortalecía su cuerpo, lo flexibilizaba y por tanto lo preparaba para estar en esa postura meditativa.

Además de esta postura estática de meditación que posiblemente no sea accesible o interesante para todo el mundo, me gustaría destacar lo que he nombrado al comenzar el texto: el estado meditativo del yoga.

La importancia de la respiración

Cuando realizamos las asanas o posturas en yoga, una parte fundamental que forma parte de ellas es la respiración. Esta respiración no solo acompaña el movimiento sino que es esencial para que éste se produzca. Sin la respiración no hay movimiento. Centrando nuestra atención en acompañar las posturas con la respiración conseguimos dos cosas: primero, realizar las posturas con más facilidad, profundizar en ellas, abrir espacios donde antes no los había; y segundo, calmar la mente. Con una respiración consciente podemos acallar la lluvia de pensamientos, centramos la atención en lo que estamos realizando en ese exacto momento, calmamos el sistema nervioso, reducimos tensión y estrés.

En definitiva, conseguimos un estado meditativo en movimiento y no necesitamos recurrir a la postura sentada de meditación. Aunque no podemos decir que este estado meditativo sea lo mismo a lo que tradicionalmente se conoce como meditación, esa que practicaban y practican los yoguis y ascetas que antes hemos mencionado, no necesitamos ser absolutamente puristas y por tanto obtener los beneficios de la meditación por otros medios, en este caso, al practicar yoga.

El estado meditativo del Yoga y sus beneficios

Este estado meditativo que conseguimos durante la práctica de yoga puede ser un buen comienzo para aquellas personas que estén interesadas en la meditación pero les de respeto y no se atrevan a sentarse a meditar o simplemente puede ser tu manera de meditar o de ser consciente de lo que haces en ese momento, llevándote al momento presente y dejando a un lado todas las preocupaciones que tenemos en constante runrún en la cabeza y que, debido al frenético ritmo de vida que llevamos hoy en día, no sabemos pararlo y nos genera estrés y a la larga puede conllevar algún tipo de enfermedad tanto física como mental.

La meditación es buena para todos y gracias a todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance, podemos modificarla y adaptarla a nuestra vida de la manera que nos resulte más sencilla y cómoda de realizar, para así poder crear el hábito de realizarla y disfrutar de todos sus beneficios.

 

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Escrito por:

Marta Esteban

Instructora de Yoga