¿Qué es el Porteo?

Portear es una de las prácticas más ancestrales y de las experiencias más placenteras y holísticas que existen.

El porteo es un sistema de transporte que asegura un contacto constante entre el bebé o el niño (porteado) y el adulto o porteador. El porteo asegura una postura corporal adecuada.

Se puede portear desde el nacimiento hasta que el porteador y el niño lo deseen. Normalmente, a partir de los 2-3 años, se va dejando poco a poco, disminuyéndose los tiempos y la frecuencia de forma natural, como proceso activo de “diálogo respetuoso” entre porteador y porteado.

Hay muchos sistemas de porteo, algunos ergonómicos y otros que no lo son.

Dentro de los sistemas de porteo ergonómico, nos centraremos en el más versátil: el fular.

El fular

Un fular no es más que una tela... al que en el mundillo del porteo se le llama cariñosamente “trapo”. Pueden ser de distintas medidas de largo y ancho, materiales, gramajes, y calidades.

Colocación

El fular se coloca alrededor del cuerpo del porteador y del bebé o niño, de una determinada forma, y se anuda, para poder cargarlo teniendo las manos libres, bien delante, a la espalda o a la cadera. Nada tiene que ver la experiencia de llevar en brazos a la de portear con fular, ni a nivel físico (sensación subjetiva del peso) ni ergonómico, ni tampoco emocional.

Características

Dependiendo de las necesidades y de la talla del porteador, del tamaño del bebé o niño, la época del año o el clima, la experiencia del porteador, los nudos que se quieran hacer, y el uso o actividad que se va a llevar a cabo durante el porteo, se elegiría un fular con unas características y otras.

Los fulares están tejidos de una determinada manera, con un grosor de hilo equis y de unos materiales o mezcla de los mismos en unas proporciones concretas. Las características de un fular vienen por tanto marcadas por estas variables, ¡y la variedad de fulares que existen en el mercado es así enorme!

Existen fulares elásticos o semielásticos (si contienen un porcentaje de fibras que proporcionan un cierto grado de elasticidad -como la lycra, el espandex o el elastán-) y rígidos.

En la confección de los fulares, el algodón es el material más habitual para la confección de fulares, el que suele usar como “base”, aunque existen también fulares que no lo contienen.

Respecto a los fulares rígidos, algunos materiales con los que se mezcla el algodón son por el ejemplo lino, cáñamo, seda, tencell, seacel,  ramio, kapok, bambú,  lana, alpaca, cachemira, repreve, modal, fibras metálicas, etc.

Estos fulares pueden estar confeccionados en telares manuales o mecánicos, y según se crucen los hilos de la urdimbre y los de la trama, podrán ser de jacquard o de sarga. Son tejidos indeformabes, muy resistentes al peso y a la tracción. Presentan elasticidad únicamente en diagonal, no en vertical ni en horizontal, lo que le aporta tanta versatilidad.

Tallaje

Existen diferentes tallas de fulares, dependiendo de los metros de tela de que se trate (largo). Para elegir una talla u otra, se tiene en cuenta: la complexión del porteador, el tamaño y peso del bebé o niño, el tipo de nudo que se vaya a emplear, el número de capas de fular de dicho nudo, la marca de fabricante del fular y la experiencia del porteador en el anudado.

La experiencia del porteo: alquimia

La experiencia del porteo es magia, en muchos sentidos:

  • Desde el punto de vista físico, el centro de gravedad del porteador y el peso del bebé, se reequilibran permanentemente, con cada movimiento que lleven a cabo cualquiera de los dos. Esto, y el buen ajuste del fular, ofrece al porteador la sensación de no llevar realmente el peso que carga sino bastante menos. Favorece la posición adecuada de la columna y de las caderas, y en el caso de que exista displasia, colabora a mantener una adecuada postura y a la regulación del tono muscular.
  • A nivel fisiológico, el bebé escucha el corazón del porteador, ambos pueden olerse, regular sus temperaturas corporales, y disminuye los niveles de cortisol, o lo que es lo mismo: calma tanto al bebé como al porteador, por lo que favorece el proceso de desarrollo madurativo del bebé y facilita y estimula tanto el sueño como la lactancia. Además, corrige o previene la plagiocefalia, al eliminar la presión sobre el cráneo. Favorece una adecuada integración sensorial (vestibular-auditiva, propioceptiva y visual y táctil). En caso de cólicos del lactante, tanto el calor como la postura y el movimiento, ayudan a que el bebé pueda soltar mejor los gases. Al igual que la lactancia materna, mejora la respuesta inmunológica.
  • A nivel emocional, el porteo ayuda a desarrollar un apego seguro, disminuye el riesgo de depresión postparto, aumenta la autoestima de la madre, facilita al bebé enfrentarse a situaciones y personas nuevas, favorece el contacto visual entre el bebé y otras personas.

 

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Escrito por:

 

 

 

Violeta Morales Valdivia

Terapeuta Ocupacional Colegiada Nº 933