LA MÁQUINA PERFECTA

Cuando pensamos en el ordenador más potente que podamos imaginar, seguramente pensemos que pertenezca a Google, Amazon, Facebook o Apple. Si nos decidimos a buscarlo en internet, marcas como Intel o AMD nos asaltarán desde la pantalla. Sin embargo, todo lo que nos mueve a dar esos pasos y a investigar para saciar nuestra curiosidad es el producto del funcionamiento del cerebro. Y no somos conscientes de que, quizá, eso que buscamos esté dentro de cada uno de nuestros cráneos.

EL CEREBRO ORDENADOR

Uno de los enfoques que ha intentado explicar el funcionamiento cerebral es el del procesamiento de la información, donde se compara con el modo en que funciona un ordenador. Así, el cerebro, con sus 86.000.000.000 de neuronas, sería el hardware o soporte físico. Por su parte, las funciones cognitivas (memoria, lenguaje, funciones ejecutivas, etc.) serían los programas o aplicaciones con el que este funciona.

Evidentemente, este enfoque simplifica un funcionamiento que es muchísimo más complejo que el funcionamiento de cualquier dispositivo, aunque sirve para establecer un modelo para comprenderlo.

Lo que sí es cierto es que el cerebro es una máquina que, cuando no se usa, tiende a no funcionar adecuadamente, como cualquier otra. Es un procesador constante de nuestra realidad y necesita de estimulación. Ésta es mucho más importante en las etapas iniciales de su desarrollo, en la infancia principalmente. Sin embargo, es fundamental mantener una estimulación durante todo nuestro ciclo vital, a través de actividades como la lectura, ver obras de arte, una buena película, documentales, realizar pasatiempos como sudokus, crucigramas, etc. Toda estimulación hace que se refuercen las conexiones entre las neuronas (estimadas en billones, incluso trillones). Esta estimulación es tan importante tanto en las etapas tempranas de su desarrollo como en las finales para mantener un óptimo funcionamiento de las mismas.

EL CEREBRO MÚSCULO

Otro de los modelos que nos serviría para entender el funcionamiento y el desarrollo del cerebro es asemejarlo a un músculo que, con el entrenamiento, puede desarrollar todo su potencial. Como señalábamos anteriormente, el procesamiento de la realidad y la recepción constante de estimulación es lo que hace que nuestro cerebro funcione. Sin embargo, tan importante es leer un libro, hacer ejercicios mentales, pasatiempos o pensar sobre nuestra vida y nuestra realidad, como movernos por ella.

Y es que para nuestro cerebro, el ejercicio y las relaciones físicas con nuestro entorno son tan beneficiosas como la estimulación puramente intelectual. Cuando realizamos cualquier actividad física, controlada evidentemente por las áreas encargadas de ello en nuestro córtex, entran en juego también otras áreas igualmente importantes. Así, la conexión con las partes del cerebro que analizan el espacio y la liberación de algunas hormonas, como las endorfinas, nos produce una serie de sensaciones y emociones que refuerzan los aspectos positivos de esa experiencia.

EL CEREBRO EMOCIONAL

Aunque siempre se le ha acusado de ser la sede de la razón en contraposición del corazón, hogar de los sentimientos y las emociones, nada más lejos de la realidad. Nuestras emociones viven en nuestro cerebro, además en un rincón recóndito desde donde gobiernan en muchas ocasiones.

Ese lugar es un núcleo conocido como la amígdala o complejo amigdalino. Su nombre significa literalmente “almendra”, y es que su forma recuerda a este fruto seco. Pues esta pequeña almendra que reside en el sistema límbico es uno de los centros que tiene más conexiones con todas las áreas y lóbulos que componen el cerebro. Además es de los más potentes.  Su funcionamiento da lugar a las principales emociones, sobre todo de las respuestas de miedo y huida. Pero también interviene decisivamente en la creación de vínculos sociales y afectivos, y, en última instancia, parte de su actividad es la que reconocemos como amor.

Sin embargo, las emociones son un proceso realmente complejo que implica a varias áreas del cerebro. Así, las más importantes, con estrecha conexión con la amígdala, serían el lóbulo frontal, encargado del control de la conducta y del aprendizaje. Este sería el verdadero reflejo de la lucha entre emoción y razón. Por otra parte estaría el hipocampo, relacionado con los procesos de memoria.

Así, a través del primero podemos observar la relación entre emoción y aprendizaje a través de la motivación. En relación al segundo, podemos relacionar cómo las emociones, positivas y negativas, intervienen en la formación de recuerdos perdurables.

EL CEREBRO SOCIAL

Que somos animales sociales es algo innegable. Pues en este punto podríamos debatir si fue antes el huevo o la gallina. ¿Somos seres sociales porque tenemos este cerebro o nuestro cerebro es así porque somos seres sociales? Podemos afirmar rotundamente que la evolución de nuestra maquinaria interior le debe mucho a los vínculos que establecemos con los demás. Aunque existan casos de personas que deciden aislarse del medio social, necesitamos relacionarnos con otros desde que nacemos. No solo por la dependencia física y biológica en la que se nos atienden nuestras necesidades. El vinculo y la necesidad de la interacción con el otro desde que abrimos los ojos a este mundo es decisiva para el adecuado desarrollo del cerebro. Son múltiples los estudios y los casos en los que se ha visto como una inadecuada estimulación social en las primeras etapas de la vida puede resultar nefasta para el desarrollo de la persona.

Compartir experiencias, crear recuerdos, vivir buenos y malos momentos, el aprendizaje social, todo ello configura una parte de la experiencia que resulta vital para que nuestro cerebro tenga esa vida que tanto necesita.

De este modo, mantener una vida social activa, al igual que toda la estimulación expuesta anteriormente, también es importante hasta los últimos días.

 

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Escrito por:

José María López Pérez

Neuropsicólogo Colegiado nº AN-06189